Connect with us

Opinión

La opinión: Eugenio Lira Rugarcía, Obispo de Matamoros

Published

on

EugenioLira

XXV Domingo Ordinario ciclo B

Si alguno quiere ser el primero, que sea el siervo de todos (cf. Mc 9, 30-37)

+Eugenio Lira Rugarcía, Obispo de Matamoros

“Tienes que salir”, le dijeron a Rick Rescorla, que había logrado salvar a más de dos mil personas tras el ataque a las Torres Gemelas. Él respondió: “Debo asegurarme que todos estén a salvo”. Fue visto por última vez en el piso 10, antes de que la Torre Sur se derrumbara. “Podría haber salido –comenta una testigo–. Pero eligió volver a subir”[1].

Will Jimeno, migrante colombiano, estaba ayudando a evacuar la Torre Norte, cuando ésta colapsó y quedó atrapado y malherido. Pensó que no volvería a ver a su hija de 4 años y que no conocería al bebé que su esposa esperaba. Pero dos ex marines y un ex paramédico, que decidieron ir a ayudar al ver en los noticiaros lo que estaba sucediendo, bajaron varios metros por entre los escombros para rescatarlo[2].

¿Qué motivó a esas personas a arriesgar su vida para salvar a otros que ni siquiera conocían, como lo han hecho en esta pandemia el personal sanitario y muchos voluntarios? La conciencia de que todos somos importantes. ¡Eso es lo que enseña Jesús! Él mismo lo arriesgó todo para rescatarnos de los escombros del pecado y unirnos a Dios, que nos hace felices por siempre. No se detuvo ante la humillación, la tortura y la muerte a que lo sometieron aquellos que, creyéndose los primeros, sentían que les hacía sombra[3], sino que, muriendo y resucitando hizo triunfar el bien y la vida.

Así nos enseña a vencer una de las peores tentaciones: sentir que somos más importantes que los demás; que los papás, la pareja, los hijos y los que nos rodean están para servirnos. Y eso nos pasa desde pequeños, como reconoce san Agustín al recordar su infancia: “me indignaba de que mis mayores no se me sometieran… y llorando me vengaba de ellos”[4].  

Eso es un berrinche. Algo que hacemos niños, jóvenes y adultos para presionar a los demás a que hagan lo que queremos. También la seducción, el chantaje, la manipulación, el engaño, el bullying, las trampas y la violencia son intentos de someter a los otros. Pero eso, que es fruto de nuestras malas pasiones, nos daña a nosotros y a los demás, porque provoca injusticias, problemas y pleitos en casa, en la escuela, en el trabajo y en el mundo[5].

Sin embargo, Jesús nos hace ver que las cosas pueden ser diferentes; que el amor hace posible que todo mejore en nosotros, en casa y en el mundo, porque nos permite comprender que todos somos importantes, y que la auténtica grandeza es, como dice el Papa: “servir a los demás, no servirse de los demás”[6].

Todos somos importantes, porque somos imagen y semejanza de Dios. Lo somos desde el momento de la concepción, en las buenas y en las malas, con nuestros aciertos y nuestros errores. Lo somos nosotros, y también la pareja, la familia, los compañeros, e incluso los que parecen insignificantes a los ojos del mundo. Si lo comprendemos, sabremos echarles la mano para ayudarlos a vivir con dignidad, realizarse, encontrar a Dios y ser felices.

Y si nos asecha la tentación de sentirnos más importantes que los otros, acudamos a Dios[7]. Él, a través de su Palabra, de la Liturgia, de la Eucaristía y de la oración, nos dará la fuerza de su amor para ubicarnos, y amar y servir. Así estaremos en paz, ayudaremos a construir una familia y un mundo mejor, y alcanzaremos la eternidad[8].


[1] Cf. National Geographic, 11-S: Testigos de la Tragedia.

[2] Ídem.

[3] Cf. 1ª Lectura: Sb 2, 12.17-20.

[4] Confesiones, I, 6,2.

[5] Cf. 2ª Lectura: St 3,16-4,3.

[6] Cf. Homilía en la Misa celebrada en la Plaza de la Revolución, La Habana, Domingo 20 de septiembre de 2015.

[7] Cf. Sal 53.

[8] Cf. Aclamación: 2 Tes 2, 14.

Espectáculos

Entrevista con la escritora Monica Rojas sobre su libro La Niña Polaca

Published

on

By

Continue Reading

Opinión

Educación y Tecnología | La sobreprotección en el medio educativo.

Published

on

By

Luis Lach.

*Luis Lach.

 ©Luis Lach.

Estoy escribiendo esta columna, justo el día 8 de abril, en que acaba de suceder el eclipse que recorrió una buena parte del territorio nacional (en algunas zonas el eclipse fue total, como en Mazatlán, Sinaloa) y en otras regiones fue parcial. Lo más sorprendente fue la respuesta de las autoridades educativas y de las escuelas mismas. Si bien, el día no fue suspendido, en muchos planteles públicos o privados, se toleró la ausencia de los estudiantes, porque se tenía miedo de que se quedaran ciegos los niños y niñas por ver por mucho tiempo hacia el sol. ¡Qué barbaridad!, ¡qué oportunidad de observar un fenómeno astronómico, utilizando las medidas de seguridad del caso! En mi caso, en que estuve colaborando en una escuela secundaria particular, le sugerí a la Directora que a los niños de geografía, les permitiera observar el fenómeno, con cristales ahumados de protección, y que al mismo tiempo, yo les enseñaría cómo tomar fotografías del eclipse. La respuesta fue que si yo quería, tomara las fotos, pero que los niños no saldrían. Y eso me lleva al tema de esta columna:

La pandemia por COVID 19 ha tenido efectos que han permanecido en el tiempo. Si bien, las medidas de protección eran obligatorias, porque nos enfrentábamos a un virus nuevo y nadie tenía defensas contra ello, y que tuvo como resultado previsible que, si bien hubo muchas muertes y contagios, se controló que el número fuera mayor, gracias a esas medidas. La protección de niños, niñas, adultos y adultos mayores fue obligada, pero lo que le siguió (y que ya existía desde antes), fue la sobreprotección, la cuál tiene consecuencias serias si no nos medimos los adultos, tanto en la escuela, como en casa.

¿Qué es la sobreprotección?

Primero, tenemos que separar la protección de la sobreprotección. La protección significa para infantes, niños, niñas y adolescentes, el desarrollarse en un ambiente de seguridad, en el cuál sus necesidades son cubiertas de forma adecuada y que permite que crezcan con algunos de los siguientes atributos:

– Autoestima alta.

– Seguridad en el aprendizaje.

– Papá y mamá atentos a disminuir los temores del niño a que le pueda suceder algo.

– Ser valorizado por papá y mamá como alguien único y querido.

– Aprender a cuidarse por sí mismo y asumir las consecuencias de sus decisiones.

Hasta allí, todo bien. Pero va surgiendo posteriormente en padres y madres la tendencia a que su niño o niña, no le toque ni el aire. Que le quiten cualquier obstáculo que se atraviese, y fundamentalmente dominar, castrar y desvalorizar al hijo. Todo eso, aparentemente sucede sin que como adultos nos demos cuenta de que está sucediendo algo que va dañando el sano desarrollo de este, pero que en el fondo va creando relaciones de co dependencia, en los que, conforme el hijo no se desprende del seno parental, sigue dependiendo de este y llegará a la edad adulta relacionado de forma poco sana con sus padres. Algunas de las consecuencias de la sobreprotección son:

– Autoestima baja (sólo puedo hacer cosas si me dicen cómo. No soy capaz de explorar por mi cuenta).

– Necesito continuo refuerzo de mis papás de que estoy haciendo las cosas bien.

– Aventurarme a hacer acciones con cierto grado de incertidumbre (como subir un cerro), se torna increíblemente peligroso, siendo limitado por los padres.

– La responsabilidad de mis tareas es de mis papás, no mía.

– Mis papás se encargarán que no experimente el error, la equivocación.

– Etcétera.

Lo cierto, es que hay peligros por el sólo hecho de vivir. Retomando el ejemplo del cerro, existen riesgos inherentes a subir el cerro: puedo caerme, puede desgajarse una parte del cerro, etcétera. Un padre o madre protector, se encargarán de enseñarle las medidas de seguridad y velará porque vaya con un grupo que sepa tomar las medidas correspondientes (por ejemplo, un grupo scout). Un padres o madre sobreprotector, podría limitar o prohibir la actividad del hijo, o llevarlo de la mano, dudando con esta acción de la capacidad del hijo a resolver sus problemas. ¿Qué quiere decir esto?, que nada en la vida está garantizado. Que la única forma en que nuestros hijos sepan transitar en el mundo es que vayamos permitiendo que gradualmente asuman ellos mismo sus riesgos y aprendan de ello.

¿Y qué hace la escuela?

Pues mi experiencia ha sido, que la sobreprotección es la práctica habitual con que la SEP empuja la operación de escuelas públicas y privadas. Niños y niñas deben estar observados en todo momento, particularmente en el patio de recreo. Y si bien, hasta allí todo bien, si sucede cualquier cosa (un raspón de rodilla), debe anotarse en un cuaderno de incidencias, donde insisto, no está mal, si no que se lleve esto al extremo de la sobreprotección, observando cada movimiento de los niños y niñas. Por ejemplo, un niño fue golpeado por un balón que rebotó de un poste para su mala suerte en su cara y que básicamente lo dobló sus anteojos. La escuela levantó el incidente, se llamó a su casa, y cuando la mamá asistió al colegio, les reclamaba acciones de acoso escolar contra su hijo, a pesar de que este insistía que había sido sólo un accidente y que no tenía nada. Reclamos como este es a los que tiene terror la SEP, y en lugar de establecer soluciones que se encuentren en el marco de una política educativa bien reflexionada por expertos, mejor responde a la exigencia de sobreprotección, con sobreprotección. Y todos felices. ¿Pero cuál sería una acción que nos ayudaría a salir de este círculo pernicioso?:

Escuela para padres

Es crucial que hagamos un alto y trabajemos con los padres cuáles son las conductas adecuadas de protección de los hijos, y cuáles son las inadecuadas como el abandono o la sobreprotección. Y qué hacer en cada caso. Cuando he platicado con directores de escuelas, de la necesidad de tener una escuela para padres, donde mamás y papás como la del niño del balonazo, entiendan que si bien, un accidente de estos se busca evitarlo, la verdad es que suceden cada cierto tiempo, y son parte del proceso de aprendizaje de sus hijos, la respuesta de los directores es que se les cita, pero no van. Creo que hay que insistir un poco más a este respecto. Establecer medidas que motiven a padres, madres o tutores a asistir a las reuniones. También poner estas reuniones en horarios que sean posibles para la mayoría.

Idealmente, hacer las sesiones de forma presencial, pero si eso no funciona, hacerlas por videoconferencia. Pero aprovechar ese tiempo, para que descubran los adultos qué acciones suyas dañan el proceso de desarrollo de sus hijos, y cuáles los estimulan a ser mejores personas, que estoy seguro que es lo que todos quieren.

De forma alternativa, la escuela también debe reflexionar si tiene acciones sobreprotectoras sobre los estudiantes y de qué forma (además de la escuela para padres), se puede ir conteniendo esa propensión a resolver la vida de los alumnos. Y en forma paralela, hacer un llamado a la SEP a que tome cartas en en estos asuntos y que revise sus protocolos. Requerimos niños, niñas y jóvenes que crezcan con la seguridad de explorar el mundo y de tomar las medidas necesarias para no morir en el intento. Al final de cuentas, el mundo es suyo y todos queremos que sean felices.

Feliz semana.

Mis redes sociales:

Correo: luislach@drafconsultores.com

Linkedin: https://www.linkedin.com/in/luis-lach-48b8452/ https://www.linkedin.com/company/drafconsultores/?viewAsMember=true

Facebook: https://www.facebook.com/luislach00

Continue Reading

Entrevistas

Mukí Sopalírili Aligué Gawíchi Nirúgame

Published

on

By

El Confesionario

Ray Zubiri

Si no entendiste el título, esta información es para ti. Sigue leyendo, por favor.

En la década de los 80, Rita Patiño Quintero, una mujer indígena rarámuri tarahumara, abandonó su pequeña comunidad, ubicada en lo profundo del Cañón de Urique, para emprender un viaje que la llevó desde la Sierra Tarahumara hasta Kansas, donde fue detenida por la policía mientras se refugiaba al interior de una iglesia.

Días más tarde, Rita fue diagnosticada con esquizofrenia por las autoridades, quienes, a pesar de no haber podido determinar su idioma ni su procedencia étnica, súbitamente la internaron involuntariamente en un hospital psiquiátrico, donde permaneció por 12 años.
Tras las secuelas del confinamiento y la medicación, Rita regresó a vivir a la Sierra Tarahumara con Juanita, su sobrina, quien, con posibilidades económicas precarias, se encargó de su cuidado, expresando cariño y amor por su tía.

Este documental gira en torno a la vida de estas dos mujeres, explorando la solidaridad y el afecto que los seres humanos prodigamos aún en situaciones inesperadas.

Esto me contó Santiago Esteinou, documentalista y productor de proyecto que lleva por nombre La mujer de estrellas y montañas, como el título de esta columna.

Esteinou estudió cinematografía en el Centro de Capacitación Cinematográfica y Temple University. Posteriormente realizó una maestría en Derechos Humanos en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales.

Con él platiqué ampliamente sobre Rita Patiño, una corredora rarámuri, amante del baile, el canto y las fiestas, quien un día fue privada de su libertad, mal medicada y despojada de sus derechos humanos.

Hoy su historia es llevada a la pantalla grande para concientizar a todos sobre algo que estamos haciendo mal, muy mal: dejar sin voz a nuestros hermanos que hablan otra lengua.

La historia llegó a las manos de Esteinou muy joven a través de un libro sobre personas corredoras, del cual quedó impactado, Nacidos para correr (Born to run, de Christopher McDougall), y dentro de éste, en la página 82 hay una frase que habla de una mujer que corrió desde Chihuahua hasta Kansas, a quien encerraron en un manicomio. Me dije: “esto no puede ser verdad”.

Tras el tiempo que Rita estuvo en el psiquiátrico y gracias a un equipo legal que la auxilió, pudo volver a la Sierra Tarahumara en 1996. Todo parecía alegría con su libertad, pero los abusos y el maltrato no terminaron.

La pesadilla continuaba debido a las graves secuelas causadas por las medicinas mal prescritas que consumió en el pasado debido a personas totalmente acéfalas, negligentes y neófitas en salud mental que pudieran hacer una evaluación psiquiátrica en su idioma.

El documental pone el enfoque sobre las consecuencias que resultan de la poca atención en instituciones públicas en lengua rarámuri y la vulnerabilidad en la que esto sitúa a muchas mujeres y hombres indígenas.

De acuerdo con el Atlas de las lenguas en peligro de la Unesco, en el mundo aún existen casi 7 mil lenguas vivas, de las cuales 40% corre riesgo de desaparecer.

Este riesgo es considerablemente mayor para las más de 4 mil lenguas indígenas que resisten hoy en día y que son especialmente vulnerables porque muchas de ellas no se enseñan en las escuelas ni se utilizan en espacios públicos; o sea que vamos de mal en peor.

En el filme expone que después de su error garrafal y una decena de años recluida, las autoridades determinaron una cuantiosa indemnización, la cual quedó en manos de su hermana, quien sólo durante un tiempo depositó dinero a su verdadera cuidadora, su sobrina Juanita, pero Rita nunca supo el monto real al que tenía derecho.

Con muy pocos recursos y en medio de complejas condiciones familiares y sociales, Juanita se hizo cargo de Rita hasta su muerte, en 2018, cuando se convirtió en una estrella.

Esta historia hoy en día contribuye a visibilizar su experiencia que, tristemente, es también la experiencia de muchas personas indígenas, migrantes y con discapacidad.

Las autoridades del Hospital Estatal de Larned se negaron a proporcionar cualquier tipo de información sobre el caso de Rita para la realización de este documental.

La señora Beatriz Zapata falleció en 2015, después de que la Corte de Distrito del Condado de Sedgwick descubrió que ella utilizó la mayor parte de la indemnización de Rita para su beneficio personal.

No se pierdan esta conmovedora historia, La mujer de estrellas y montañas.

Estreno en cines, 25 de abril de 2024.

Escúchenme de lunes a viernes en el programa donde siempre aprendemos algo nuevo, De todo un poco, de 10:00 a 11:00 horas en Radio BUAP, 96.9 FM.


FICHA TÉCNICA:

Título: La Mujer de Estrellas y Montañas

Dirección: Santiago Esteinou

Distribución: Piano

Producción: Santiago Esteinou y Hoomanz Productions

Con el apoyo de: EFICINE 189, Instituto Mexicano de Cinematografía y ALSEA

Productores ejecutivos: Sofía Maciel, Ángeles Cruz, Anais Flores, Juan José González Torreslanda y Sebastián Voces Villafaña

Productores: Santiago Esteinou, Javier Campos López, Axel Pedraza y José Miguel Díaz Salinas

Cinefotografía: Axel Pedraza

Edición: Javier Campos

Sonido directo: Liliana Villaseñor, Pablo Tamez, Misael Hernández y Milagros Vargas

Diseño sonoro: Pablo Fernández Murguía

Música: Galo Durán

Con la participación de: Rita Patiño, Juana Osorio y Ángeles Cruz

Género: Documental

País: México

Año: 2022

Idioma: Tarahumara, Español e Inglés

Duración: 100 min.

Si usted es un medio de comunicación y se pregunta si puede publicar esta columna en su medio, ¡la respuesta es sí! Solo asegúrese de dar el crédito adecuado a www.revistapuebla.com y al autor.

Continue Reading
Advertisement
Advertisement
Advertisement
Advertisement
Advertisement
Advertisement
Advertisement
Advertisement
Advertisement
Advertisement
Advertisement
Advertisement ">

Trending

Revista Puebla Derechos Reservados © 2023